Agatha Cristie, cuando la novela cae de su propia fantasía.

Resultado de imagen de Agatha ChristieEl aparentemente genial Hércules Poirot, detective famoso creado por la escritora británica Agatha Cristie, solo pudo solucionar crímenes que ocurrían en sus novelas, sus célebres silogismos y razonamientos deductivos entonces quedaron confinados a las páginas de sus libros porque lo cierto es que en 1926 la escritora tras una fuerte discusión con su esposo en la que este le pidió el divorcio y le comunicó su intención de abandonarla la escritora una vez confirmado que este tenía una amante desató toda una serie de sucesos rocambolescos que desmontó de inmediato la policía de la época.
La escritora había dejado su coche abandonado en el camino con restos de sangre, luego tomó una habitación en un pequeño hostal rural bajo el nombre de la amante de su esposo y cuando toda Inglaterra y 15.000 policías la buscaban ella fingía su propia muerte como venganza. 
Dicen que se llevó su secreto a la tumba porque una vez descubierta fingió demencia, curiosa demencia pasajera, pero el secreto no fue tal que elevar a un enorme desprestigio la verosimilitud de sus relatos que una vez llevados a la práctica resultaron insostenibles. En esta crónica del diario El Mundo se reconstruyen con nuevas pruebas los misterios de aquella aparente desaparición.
La historia que cuento en estas líneas podría ser perfectamente uno más de los 66 relatos que creó Agatha Christie. Todos sus personajes, los extraños giros de guión y el sorprendente final podrían pertenecer a cualquiera de las novelas salidas de la mente de su autora, pero no es el caso. Lo que van a leer a continuación es quizás el relato más intrigante de la Reina del Crimen. Haciendo cierta esa frase que dice que "la realidad puede superar con creces la ficción", Agatha Christie protagonizó uno de los sucesos más extraños y enigmáticos de la historia de las letras. Y eso no es poco decir para la que es considerada de forma unánime como la maestra absoluta de la literatura de misterio.Pongámonos en situación. En 1926, Agatha Christie se esfumó de su casa durante 11 días, provocando una conmoción total en el Reino Unido y una de las búsquedas de desaparecidos más grandes que había visto jamás aquel país. Solo ahora, 91 años después, se sabe exactamente que sucedió durante aquellas casi dos semanas... o casi, porque todavía hay dos teorías abiertas. Pero vayamos por partes.En 1926, la Inglaterra post-eduardiana está en su apogeo. El país británico, aún recuperándose de las heridas de la I Guerra Mundial, todavía es el líder indiscutible de Occidente, con un inmenso imperio colonial repartido por todo el globo y una enorme potencia industrial y cultural, aunque los primeros síntomas de su decadencia ya se asoman por el horizonte.Ajenos a todo a esto, en Berkshire, un condado del sudeste del país, vive Agatha Christie con su marido, Archibald Christie. Él es un coronel del ejercito británico y ella se está revelando como una de las escritoras más talentosas de toda su generación. Sus primeros títulos se venden con rapidez y una legión de lectores crece a lo largo de todo el mundo deseando disfrutar de la siguiente aventura de misterio que salga de la cabeza de la señora Christie. Años antes de la aparición de los superventas masivos de nuestros días, Agatha Christie ya había alcanzado la categoría de estrella literaria por meritos propios. Su nombre era conocido en todas partes y gozaba de un status social y cultural elevado. Era, por decirlo en términos contemporáneos, lo suficientemente famosa para no pasar desapercibida.Sangre en el cocheY de repente, un día, desapareció. El 3 de diciembre de 1926, a eso de las 21:45, Agatha salió de su casa de Berkshire a bordo de su coche, un Morris Crowley, después de indicarle a su secretaria que se dirigía a Yorkshire a pasar la noche. Unas horas más tarde su vehículo aparecía abandonado en Newlands Corner, muy cerca de un lago, con restos de sangre en su interior, el abrigo y el carnet de conducir de la escritora, pero aparte de eso no había ni el menor rastro de ella. Era como si se hubiese evaporado.La conmoción que produjo este suceso fue increíble. Sus cientos de miles de seguidores comenzaron a bombardear las redacciones de los periódicos con cartas (eran otros tiempos) exigiendo saber su paradero hasta tal extremo que un tabloide llegó a ofrecer 100 libras, una fortuna para la época, a cualquiera que pudiese dar una pista sobre el destino de la escritora.La inquietud pública llegó a tal extremo que incluso el Ministro de Interior británico presionó a Scotland Yard para que intensificase la búsqueda. Durante 11 días se llevó a cabo en el Reino Unido la operación policial más grande que hasta entonces había visto el país. Mil agentes de policía, más de 15.000 voluntarios organizados, varios aviones y una cantidad indeterminada de espontáneos se sumaron a la búsqueda infructuosa de Agatha Christie, peinando palmo por palmo el pequeño condado rural en el que se había esfumado, sin ningún resultado. Su foto estaba en carteles, pasquines y portadas de diarios, hasta el extremo que incluso el New York Times se hizo eco de la desaparición. A la búsqueda se sumó también otro escritor, Sir Arthur Conan Doyle, el padre de Sherlock Holmes que, desesperado por no encontrar ni un solo rastro de su colega de oficio, se agenció un guante de Agatha Christie para entregárselo a una medium y conseguir por vías sobrenaturales lo que forenses y Policía no podían lograr.Pese a todos estos esfuerzos, el resultado era desolador. Como en una de sus novelas, el cuerpo de la víctima no aparecía y las pistas no parecían llevar a ninguna parte... hasta que de repente Agatha Christie reapareció.El 14 de diciembre de 1926 fue identificada como una huésped del Swan Hydropathic Hotel en Harrogate, relativamente cerca del lugar en el que había dejado el coche, donde aparecía registrada como Nancy Neele. La escritora no sabía quién era ni por qué estaba allí y tampoco fue capaz de reconocer a su marido cuando este llegó a su encuentro.
Cartel anunciando la desaparición de Agatha Christie.
Durante varias semanas recibió un tratamiento psiquiátrico hasta que recuperó la memoria, pero aún así no podía explicar qué había sucedido durante esos días, ni dónde había estado. Se dijo que había sufrido un episodio de fuga psicogénica una especie de crisis nerviosa, ocasionada por su propensión a la depresión agravada por la muerte de su madre a principios de año y las infidelidades de su marido. Según esta explicación, durante todo ese tiempo, la señora Christie habría estado tan ausente que incluso habría sido incapaz de reconocerse a si misma en los periódicos. Mientras tanto, la opinión pública reaccionó con furia contra ella, ya que muchos creyeron que había fingido su desaparición como truco publicitario.La explicación oficial siempre ha dado lugar a muchas dudas, ya que hay demasiadas cosas sin explicar. Sin embargo, Agatha Christie mantuvo un obstinado silencio sobre este asunto toda su vida y la autora se llevó las respuestas a la tumba en 1976. Y de repente, cuando todo parecía condenado al olvido, aparece una posible solución al enigma.Hace unas semanas su biógrafo más reconocido, Andrew Wilson, publicó una teoría casi definitiva sobre lo que sucedió durante esos 11 días, en una historia que mezcla celos, amantes, depresión y arrepentimiento. Pero, como haría Hércules Poirot, analicemos con calma los hechos para descubrir la verdad.El día de su desaparición Agatha Christie acababa de tener una fuerte discusión con su marido, Archibald. Se había enterado no solo de que él tenía una amante, sino que estaba pensando en dejarla para irse a vivir con ella. Archibald le había pedido el divorcio y ese mismo día pensaba irse con Nancy Neele -la amante- a pasar el fin de semana juntos. Esto fue un mazazo para Agatha. Según su biógrafo, "estaba deprimida. Sufría de insomnio, comía poco, se sentía confundida, sola y desesperadamente infeliz". Esto le llevó a dar un paso del que más tarde se arrepentiría: Agatha Christie intentó suicidarse.Subida en su Morris Crowley comenzó a recorrer carreteras rurales inglesas sin un rumbo correcto, hasta que vio un árbol que le parecía adecuado para sus fines. Con un escalofrió de determinación, apretó el acelerador y sujetó con fuerza el volante, dispuesta a estrellarse y acabar con su vida... pero en el último segundo se arrepintió.Nunca sabremos si fue por miedo, arrepentimiento o un simple fallo de cálculo, pero lo cierto es que no llegó a impactar contra el árbol. El Morris se salió de la calzada con un zigzagueo, apenas rozando el árbol lo suficiente como para dejar unas marcas en la carrocería, hasta detenerse en la zanja donde más tarde apareció. Agatha Christie salió del vehículo con un par de rasguños, magullada y sobre todo aterrorizada por lo que había estado a punto de hacer.Mujer de fuertes convicciones católicas, el suicidio era un tabú moral para ella, algo absolutamente inasumible. Asomada al borde de su propio abismo interior e incapaz de ver el fondo, la autora tocó uno de los puntos más bajos de su vida. Si hacemos caso a la teoría de Andrew Wilson, podemos imaginarnos el aspecto de la mujer mientras se echaba a andar de madrugada, sin abrigo, alejándose del lugar del siniestro, arrasada por las lágrimas e incapaz de pensar con claridad. Sin duda caminó durante horas en medio de la noche helada, durante el tiempo suficiente para calmarse un poco y ser capaz de tomar al menos una decisión de urgencia: desaparecería por un tiempo hasta que se aclarasen sus ideas. Sin ser consciente de su propia fama y del tamaño de su figura pública, daba así pie a una cascada de acontecimientos que ni ella podía haber imaginado.En una muestra de ironía británica -o de delicado resentimiento femenino- decidió inscribirse en el hotel como Nancy Neele... el nombre de la amante de su marido. Durante 11 días, mientras el huracán mediático se desataba a su alrededor, Agatha Christie vivía como una reclusa en el interior del hotel, seguramente sobrepasada por el aluvión de acontecimientos que sin pretenderlo, había desatado con su desaparición. Finalmente, sucedió lo inevitable: uno de los empleados del hotel la reconoció y avisó a la policía, que rápidamente convergió allí.Según Wilson, jamás existió la pérdida de memoria esgrimida como causa oficial de la desaparición (El hecho de haberse registrado con el nombre de la amante de su marido lo delata, así como que el dato crucial de que la autora llevaba consigo su propia documentación). Ante la incómoda situación, Agatha Christie decidió fingir que había sufrido un ataque de amnesia, una postura que hoy sin duda nos parece ridícula pero que encajaba perfectamente en la mentalidad de la época, que consideraba todavía a las mujeres como seres mentalmente nerviosos e inestables. De esta manera se evitaba pasar la vergüenza pública de reconocer que había pasado 11 días escondida, sobrepasada por los acontecimientos y de rebote ponía en una incómoda situación a su marido, Archibald, que veía aireada su infidelidad. Un doble combo brillante por parte de una mente prodigiosa.El plan de ChristieY así acaba la historia... o quizás no. Otra teoría, que choca con la de Wilson, es mucho más sombría y rebuscada. Según los defensores de esta segunda tesis, lo que buscaba Agatha Christie desde el principio era conseguir que su marido fuese acusado de asesinato. Para ello habría urdido un plan que, como en la mejor de sus novelas, lo incluía todo. Por una parte, Archibald tenía suficientes motivos para desear la muerte de su esposa. Estar casado con Agatha suponía un serio impedimento para sus planes de futuro con Nancy. El militar sabía que el divorcio le supondría un escándalo social considerable, además de costarle una pequeña fortuna y, lo más importante, la posible pérdida de la custodia de la hija en común. Y además estaba un asunto que no era precisamente menor, la gestión de los derechos de autor que en ese momento ya generaba la marca Agatha Christie, y que le corresponderían a él como administrador legal de la menor en caso de que la escritora desapareciera. Por otra parte la oportunidad -un solitario viaje por carretera hasta Yorkshire- era perfecta para llevar a cabo el golpe. Si a usted lector/a todo esto le parece razonable, o al menos plausible, algo por el estilo debió pensar Agatha Christie -o al menos eso mantienen los defensores de esta segunda teoría-, cuando orquestó su desaparición con el objeto de que la Policía llegase a la misma conclusión y detuviesen a Archibald Christie.Sea cierta una u otra de las teorías, lo único seguro es que la vida de la autora de Asesinato en el Orient Express o Diez negritos es sin duda lo suficientemente interesante como para escribir una novela. Menuda casualidad.
Diario El Mundo, Manuel Loreiro.

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